Recorrido

6 etapas 1 destino

Todo comienza en Siete Lagunas, un lugar emblemático en las alturas de La Paz, donde el aire escasea y la aventura comienza de verdad.

Desde este punto, los ciclistas se lanzan hacia lo desconocido: 20 kilómetros de ascensión brutal por un terreno árido, frío y sin oxígeno, hasta alcanzar la cumbre a 4.700 metros de altitud, donde el viento corta y la nieve domina el paisaje.

Desde allí, el mundo cambia.

Comienza el descenso por la temida Carretera de la Muerte, con mas de 60 kilómetros de pura adrenalina entre acantilados, cascadas y abismos infinitos.

El aire se vuelve cálido, la vegetación estalla en verde, y el rugido de la selva anuncia la entrada al Valle de los Yungas, un paraíso salvaje donde empieza la verdadera aventura.

La etapa concluye en el pequeño municipio de Chitia, la puerta de entrada a los Yungas, donde la montaña cede paso a la selva y el desafío apenas comienza.

La segunda etapa parte desde Chitia, donde los Yungas comienzan a mostrar toda su fuerza.
El recorrido se abre paso entre laderas verdes, plantaciones de banano y coca, y caminos que serpentean por un valle lleno de vida.
La primera mitad transcurre sobre terreno favorable, veloz y exigente, hasta llegar al kilómetro 42, donde comienza la ascensión a Incahuara, una pequeña comunidad enclavada en lo más alto de la montaña.
El camino se adentra en un paisaje húmedo y cubierto de vegetación, donde la niebla y la humedad se mezclan con el cansancio y la tensión de la competencia.
Durante la subida, los corredores desafían la majestuosidad del valle, superando rampas interminables, ríos y pueblos diminutos que se pierden bajo ellos.
Tras conquistar Incahuara, la ruta se vuelve más rápida y técnica hasta alcanzar Caranavi, la capital cafetera de Bolivia, donde concluye una de las etapas más duras y espectaculares de la carrera.
Desde Caranavi, la capital cafetera de Bolivia y la puerta a la selva amazónica, arranca la tercera etapa, la más rápida y explosiva de toda la Bolivia Yungas Race.
Una jornada que se corre al límite, donde el polvo lo cubre todo… y cuando llueve, el barro lo devora todo.
El trazado sigue el curso del río Coroico, un camino salvaje que atraviesa poblaciones escondidas y tramos donde la velocidad se convierte en riesgo.
Los corredores avanzan envueltos en una nube de tierra y adrenalina, mientras la selva se cierra a su alrededor y el calor golpea sin tregua.
Sin grandes ascensos, pero con un ritmo frenético, esta etapa exige reflejos, técnica y coraje.
El día termina en Guanay, un pueblo cálido que emerge entre la selva, donde los cuerpos llegan cubiertos de polvo, barro… y gloria.
La Etapa 4 es la etapa maldita de la Bolivia Yungas Race.
Un tramo que todos esperan, pero que la selva ha negado año tras año.
Lluvias torrenciales, caminos que desaparecen y montañas que parecen tragarse el horizonte… como si la naturaleza misma protegiera su territorio.
Desde Pajonal Vilaque, los corredores se adentran en un escenario que parece sacado de Jurassic Park: selvas cerradas, lodo infinito, humedad brutal y un silencio que intimida.
Un mundo salvaje, indómito, donde cada metro es una lucha por avanzar.
¿Será este año, por fin, el definitivo?
¿Será este el momento en que los corredores logren vencer a la etapa que nunca quiso ser conquistada?
Solo la selva tiene la respuesta.
Desde Mapiri, un enclave minero escondido entre montañas, arranca la quinta etapa de la Bolivia Yungas Race.
Los primeros kilómetros transcurren entre tierra roja, maquinaria rugiendo y ríos teñidos por la minería, un paisaje duro y vivo donde el metal y el esfuerzo humano dominan la montaña.
Pero poco a poco, todo cambia.
El polvo se disuelve, el ruido se apaga… y aparece la selva.
El camino se sumerge en un entorno verde, húmedo y salvaje, donde cascadas caen sobre la ruta y la vegetación lo devora todo.
Cada curva revela un nuevo espectáculo de fuerza natural: paredes de roca cubiertas de musgo, abismos infinitos y ríos que rugen bajo los pedales.
En el tramo final, los acantilados majestuosos anuncian la llegada al remoto pueblo de Conzata, donde la selva se impone y la montaña vuelve a rugir.
Una etapa intensa, impredecible y salvaje, donde la naturaleza y el esfuerzo humano se enfrentan cara a cara.
Etapa final. Etapa reina.
Desde el pequeño y hospitalario Conzata, comienza la última batalla de la Bolivia Yungas Race.
Una jornada brutal, marcada por un ascenso interminable que bordea acantilados vertiginosos y deja atrás el verde intenso del Valle de los Yungas, para adentrarse en el árido altiplano, camino hacia las alturas donde el aire se vuelve escaso y el cuerpo se vacía.
A mitad del recorrido, la dureza se multiplica: la altitud se hace sentir y la falta de oxígeno golpea con fuerza.
Cada metro es una lucha, cada curva una victoria, cada pedalada un grito de resistencia.
Finalmente, tras conquistar las montañas, la meta espera en el pequeño y acogedor municipio de Chumisa, donde la emoción y el silencio se mezclan.
Allí termina la carrera… Pero nace la leyenda de quienes fueron capaces de vencer a los Yungas y escribir su nombre entre los SUPERVIVIENTES.